La Iglesia ha sido nuestro segundo maltrato


La Conferencia Episcopal vincula la violencia de género con las uniones no canónicas:

"Los matrimonios canónicamente constituidos tienen menos casos", asegura el prelado de Alcala de Henares.


El obispo de Alcalá de Henares vincula la violencia de género a la pérdida de la familia tradicional:

“Los matrimonios canónicamente constituidos tienen menos casos de violencia doméstica que aquellos que son parejas de hecho o personas que viven inestablemente”, ha dicho el obispo.

Extraído de "La Vanguardia", pero podría ser de muchos otros medios.. y creo que en este debe constar semejante argumentación:

Madrid (EFE).- El presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, ha vinculado hoy la violencia de género con la perdida de la familia tradicional, en la presentación de la Misa de Familia del próximo 2 de enero.

La violencia doméstica se da sobre todo en aquellos procesos de separación y divorcio, en aquellos procesos de litigio, "de manera que los matrimonios canónicamente constituidos tienen menos casos de violencia doméstica que aquellos que son parejas de hecho o personas que viven inestablemente", ha dicho el obispo Reig Pla.

El prelado ha señalado que la Misa de Familia quiere promover "la esperanza de la sociedad española ante temas como la vida humana", y en este sentido ha recordado que en España desde que se aprobó la primera ley del aborto en 1985 se han provocado 1.461.976.

Para Reig es "preocupante" que cada vez se destruya más la alianza conyugal, sobre todo en los primeros cinco años de convivencia, y cómo afecta a los niños la nueva situación familiar.

El drama de los niños es no tener padre y madre; un niño tiene derecho a tener un padre y a tener una madre, "lo necesitan para tener el hábitat de la ecología humana y lo necesita para crecer como persona que sea capaz de afrontar con seguridad los retos de la vida", ha dicho el obispo de Alcalá de Henares.

La sociedad española está cambiando vertiginosamente y va apareciendo una sociedad menos segura, con menos convicciones, más vulnerable a la tremenda ley del mercado, ha añadido Reig, que ha alertado de que "sin familia no hay futuro para la sociedad, sin familia se destruye lo más vivo del patrimonio espiritual de los pueblos".

Encuentro el 2 de enero

La Misa de Familia, que estará presidida por cardenal Antonio María Rouco Varela, reunirá en la madrileña plaza de Colón el 2 de enero, bajo el lema La familia cristiana, esperanza para Europa a miles de familias procedentes de toda España y diversos países europeos, que por cuarto año consecutivo comparten la eucaristía en la capital española para celebrar el día de la Sagrada Familia.

El papa Benedicto XVI enviará a través de Radio Vaticano un saludo a los asistentes, después del Ángelus.

Antes de que finalice la ceremonia de la misa, que concelebrará el cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela con medio centenar de obispos españoles y europeos, una caravana con los Reyes Magos de Oriente subidos en sus camellos llegará a las proximidades del altar, para que los magos suban al estrado desde donde Melchor dirá unas palabras.

Merece mucho la pena leer también en "El Público":

La Iglesia ha sido nuestro segundo maltrato

http://www.publico.es/espana/353735/la-iglesia-ha-sido-nuestro-segundo-maltrato


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Posted on 4:53 by Jose Javier Gonzalez and filed under | 2 Comments »

EL SILENCIO DE LAS MALTRATADAS


"Durante 27 años, Pilar estuvo casada con un maltratador. Cuando le daba una paliza, a ella le obsesionaba taparse la cara para que en el trabajo o por la calle no le notasen los golpes y moratones. Otra preocupación al recibir las agresiones físicas era que no debía gritar por vergüenza a lo que pensasen los vecinos. Sólo chillaba cuando le retorcía el brazo hasta casi rompérselo. Por lo demás, aguantaba sin chistar las palizas. Durante todos esos años, Pilar nunca contó lo que estaba sufriendo. Se sentía avergonzada.
Su historia viene detallada en el libro "SOS Mujeres maltratadas" (Ed. Pirámide). Su autora es Mª José Rodríguez de Armenta, la psicóloga que atendió a Pilar tras la denuncia. Es una historia de brutalidad, pero también de silencio, al igual que la de tantas mujeres que callan durante años los maltratos constantes que sufren a manos de sus parejas. Si nos vamos a las cifras más terribles, vemos que, de las 59 víctimas mortales que llevamos contabilizadas en 2010, sólo 14 habían dencunciado malos tratos.
Para entender este silencio -que, con demasiada frecuencia se juzga desde fuera como un sinsentido o una cobardía- hemos de entender que el maltrato rara vez empieza con una paliza brutal. El ciclo de la violencia suele comenzar con una presión psicológica, con una progresiva toma de poder por parte del agresor. Éste va adueñándose de todos los espacios de la mujer, desde sus amistades a su familia, desde su indumentaria hasta sus pensamientos. También suele suceder que, durante años, la víctima mantiene la esperanza de que esa situación de violencia cambiará, ya sea porque mejoren las cincunstancias externas ("él dejará de beber", "si encuentra un trabajo ya no estará tan enfadado") o porque confía en que, esta vez, él sí cumplirá su promesa de no volver a pegarle.
Pero vayamos al principio. Toda mujer maltratada durante años tiene detrás una primera vez. La primera vez que le pegaron, la primera vez que calló. Podríamos justificar aquel silencio pensando que, hasta hace muy poco, todavía no se había conseguido visibilizar la realidad del maltrato y era muy difícil que se creyera a la mujer que lo denunciaba, pero nos equivocaríamos. Hoy, pese a toda la información que tenemos sobre esta lacra, las chicas jóvenes vícimas de malos tratos continúna callando.


Fernando Gálligo, psicólogo y autor de "SOS: Mi chico me pega pero yo le quiero" (Ed. Pirámide), lo explica así: "Se ha avanzado mucho en libertad sexual, en la participación de las chicas en la vida social, laboral, académica... pero sigue faltando independencia emocional. En educación sentimental queda mucho trabajo por hacer. Muchas chicas no reconocen el maltrato hasta que es físico; no identifican la agresión verbal o psicológica. Y, como ven que les sucede lo mismo a sus amigas, no se les enciende la señal de alarma".

La sociedad acusa, piensa que las mujeres no denuncian por miedo (42%) y por vergüenza (31%), y que perdonan por dependencia emocional (24%). Esta percepción se completa con la responsabilización de las propias víctimas, y un 62% (¡!) de la población considera que la culpa es de ellas, por no denunciar. La realidad es que estas mujeres tienen problemas para identificar la violencia y para actuar en consecuencia, se sienten culpables y tienen miedo a lo que sucederá.

Sagrario, víctima durante años, explicaba a Rodríguez de Armenta qué está fallando: "La gente mete la pata con comentarios como "yo no me dejaría maltratar", "a mí me da la primera bofetada, pero no la segunda", y cosas así. Dan por sentado que nos encanta que nos maltraten, que somos masoquistas. Resulta que nadie caería en las garras de un maltratador y te hacen sentir estúpida. Creo que a la sociedad no le importamos, a no ser que les toque en su casa... Entonces ponen el grito en el cielo y buscan una asociación a la que acudir".

La insolidaridad y la falta de empatía laten en el fondo de esta incomprensión. Hay que entender que la violencia en que las mujeres maltratadas viven inmersas hace que no crean tener nada que denunciar. Además, carecen de autoestima. El silencio las secuestra. Sin embargo, las personas cercanas a ellas sí escuchan y ven. No hacer nada en esa circunstancia es actuar mal. Los que están cerca deben ayudar; ellas lo esperan. Los mismos estudios que nos indican cómo viven, afirman que su primera opción para pedir ayuda suele ser un familiar.
No podemos fallarles, ni como sociedad, ni como personas en quienes confían".

(Extracto de La conjura del silencio, por María Borja. Fuente: http://www.mujerhoy.com/ nº 606)
Posted on 5:17 by Carmen Cabeza and filed under | 2 Comments »

DETRÁS DE LOS NÚMEROS: LOS NOMBRES, LAS VIDAS

                                                             FOTO A.P

Mujeres asesinadas en 2010

 La violencia machista sigue castigando nuestro país. Las campañas de sensibilización y una educación de base parece que influyeron en 2009 ya que se registraron el número más bajo de víctimas mortales (56) desde que existen datos fiables, allá por el 2003. Por desgracia, este 2010 lo supera, sin nisiquiera haber finalizado el año.

DICIEMBRE
NOVIEMBRE
OCTUBRE
SEPTIEMBRE
AGOSTO
JULIO
JUNIO
  MAYO 
ABRIL

MARZO
FEBRERO
ENERO

FUENTE: INFORMATIVOS TELECINCO.COM

 

 

Posted on 5:59 by Julio Obeso González and filed under | 2 Comments »

Cosas de jóvenes

Poema (de "La mujer transparente")
Mayte Sánchez Sempere

Ya sé que me quieres
y que me das cariño
de eso me sobra
pero me falta algo...

dime cosas bonitas, anda, tonta,
tonta,
tonta, estúpida, que eres gilipollas,
es que te echo de menos
pero esto se me pasa si te veo mañana
y no quedas con ellas,
que no me entere yo,
ya te lo digo
clarito y suave:
te abro la cabeza

es que te falta entrega, cari,
tonta,
no seas gilipollas,
no me llores
ya mañana lo hablamos y se me pasa todo.

Al otro lado,
estoy segura,
una chica, no más de veinte años,
no acertó la respuesta correcta:


que te aguante tu madre,
esa que te parió
y te educó
para hozar en maceta.




(Este poema está basado de forma casi literal en una conversación telefónica de la que sólo escuché la parte de él, un chico de unos veinte años de un barrio de clase media de Madrid. Oyéndole hablar lamenté no ser un hombre  de 1,90 de estatura, creo que es fácil deducir el por qué... Me alucina, me espanta, ver gente tan joven mantener relaciones tan poco saludables. Esa chica acabará recibiendo más de una bofetada, estoy segura y no sólo es culpa del animal del niñato, también de ella por consentir el primer insulto, la primera falta de respeto. ¿Cómo hemos educado a los jóvenes? Me parece que no hay leyes bastantes para acabar con los malos tratos, la sociedad parece ir marcha atrás y en lugar de aprender a amar en libertad y respeto parece que volvemos a la cueva, a arrastrar a la hembra por los pelos y arrearle un garrotazo al macho que se le acerque. Como véis, no es un tema de personas "mayores" ni de inmigrantes, es un problema muy grave en el que lo peor, por desgracia, no son las muertes pasadas sino las vidas futuras).
Posted on 3:51 by Mayte Sánchez Sempere and filed under | 3 Comments »

Dos años de "Cien Autor@s Contra El Maltrato"


El tres de diciembre del 2008, subí el primer artículo a Cien Autor@s Contra El Maltrato ; desde entonces, sólo aquí en España, casi ciento cincuenta mujeres han perdido la vida a manos de sus parejas o ex parejas. Es difícil sacar conclusiones, cada una de esas muertes tienen tras de sí su propia historia, distintos escenarios, visibles o invisibles desencadenantes.
Tal vez lo más evidente sea resaltar que las políticas legislativas, los mecanismos de alertas y seguridad están fallando. Esto hace que debamos enfocar nuestra mirada, nuestro esfuerzo, a otras áreas distintas, íntimamente relacionadas con la educación y la detección (tantas veces insuficiente en el tiempo). Educar en los valores de igualdad, en la simetría de nuestros sexos, desde el minuto cero de la existencia, lo considero indispensable para atajar esta lacra que se reproduce en cualquier ámbito socio cultural y económico.
Estamos cansados de escuchar que no hay un "perfil" para el maltratador, pero esto no puede ocultar ni volver anónimos a los responsables del maltrato. Hay una suerte de génesis en cada uno de esos asesinatos, punta de un iceberg que, bajo su línea de flotación, esconde una cadena de episodios entretejidos, de precedentes que toman forma en el primer menoscabo, en cada ninguneo, en los golpes horizontales  que recibe la carne que menos sangra. No habrá un perfil  para el ejecutor, pero cada síntoma se reproduce como un siniestro mantra, como una sucesión de hechos sumisos a un guión. No conozco a ninguna víctima espontánea, todas han recorrido estaciones y  apeaderos hasta llegar a la vía muerta del desenlace.
No podemos viajar en paralelo, debemos ser geométricamente “secantes”; cortar, interferir, romper la tendencia, cada cual desde su entorno, manejando sus posibilidades. Es una interacción bidireccional ellas-nosotros, nosotros ellas. Como digo en la cabecera de esta página “ellas solas no pueden” y nosotros sin ellas tampoco. Que nadie minusvalore el más pequeño gesto, las acciones heroicas cuántas veces se visten con la humildad del detalle: Desaprobar públicamente el chiste machista en un pequeño corro de amigos, no permitir en nuestra presencia comentarios que sean vejatorios o comprensivos con la violencia, alcanzan fácilmente la órbita del “efecto mariposa” aunque no podamos constatarlo dentro de un espacio o tiempo inmediato. Estar atentos a cualquier indicio que nos alerte que el proceso se inició, que una compañera, familiar, amiga permanece en un tren a punto de descarrilar sin que conozca dónde está la anilla de la alarma, es sin duda una herramienta tan válida como parar el golpe vertical, la bala con el propio cuerpo.
Quiero agradecer personalmente a tod@s los que colaboran en esta página de forma puntual o reiterada, l@s autor@as que con sus creaciones están diciendo a todas esas mujeres: “No estáis solas”. Antes de escribir cada uno de los nombres que al día de hoy están involucrados en este proyecto, quiero anunciaros la próxima creación de un canal de radio “online” desde esta página, que se emitirá con periodicidad semanal  y para el cual, desde ya, os pido vuestra colaboración. Aunque no soy muy amigo de las redes sociales, este programa podrá ser seguido desde twitter y facebook por tratar de darle la mayor cobertura posible.
Sin más  y de todo corazón, gracias a tod@s por vuestro compromiso en esta lucha.
Gracias a:
















































































Posted on 16:53 by Julio Obeso González and filed under | 8 Comments »

Jóvenes por la Igualdad efectiva. Tres relatos para reflexionar sobre las consecuencias de la Violencia de Género

Realizando el otro día unas actividades didácticas en un centro escolar con alumnado de 2º ciclo de la E.S.O., dentro de un Programa de prevención de la violencia de Género, que se está desarrollando desde mi Ayuntamiento, un profesor me preguntaba qué opinaba sobre el aumento continuo de muertes de mujeres a manos de sus parejas o exparejas, cuando ya hace unos años que contamos con una Ley específica para este tipo de asesinatos. Yo le di mi opinión al respecto, pero no es este el tema que quiero comentar hoy aqui, sino el motivo que me lleva a trabajar en los centros escolares desde la prevención. Y es que es muy doloroso ver con qué normalidad la gente más joven acoge una realidad que parece crecer día a día, y de la cual las muertes que nos llegan no son más que la punta del iceberg de una situación que afectan a tantas mujeres de tantas edades y condición, mientras las asociaciones  y profesionales que trabajan con víctimas de violencia de género, nos alertan del número creciente de estas situaciones que se están dando entre la población más joven e, incluso, en sus primeras relaciones. La falta de respeto con la que se afrontan dichas relaciones, el intento de control a través de elementos como el móvil, la desigualdad que se sigue continuamente fomentando desde la familia, los medios de comunicación, el marketing de determinados productos de consumo,..., podrían estar (y de hecho lo están) en la base del problema. Por eso se hace tan importante trabajar con chicos y chicas desde la reflexión de sus propias realidades y de lo que perciben del resto de la población para hacerles conscientes de que en ningún caso son ajenos a este problema y de que hay que aprender a detectar los síntomas para no llegar a convertirse nunca en víctimas de una realidad tan peligrosa. 
Una de las actividades que desde el departamento en el que trabajo se están realizando ha sido la convocatoria de un concurso "Jóvenes por la Igualdad efectiva. Astorga 2010", orientado precisamente a buscar la reflexión de nuestra juventud en torno a este tema, y a plantear incluso soluciones al respecto. La convocatoria tuvo más o menos éxito, ya que algunas de las secciones incluidas quedaron desiertas. 
Pero fue sorprendente la calidad de los trabajos presentados en la Modalidad de RELATOS, y en la categoría de Secundaria. Tres fueron los relatos ganadores presentados por tres alumnas de 4º de la E.S.O. del IES Astorga. Tres los planteamientos del tema de la violencia de género  mostrados, con una estructuración increiblemente madura para su edad, con situaciones solventadas de diferentes maneras y presentando diversas consecuencias sobre los distintos personajes que conforman cada una de las historias. Además de la calidad literaria me parece muy importante el grado de reflexión que implican cada uno de ellos, y creo que es algo muy a tener en cuenta en la relación que podamos tener con jóvenes y adolescentes sobre este tema, y no solo con ellos, sino también con colectivos de otras edades. 
Por eso me ha parecido buena idea compartirlos en estas páginas virtuales con todas aquellas personas a las que les preocupa el tema, creyendo que tal vez puedan encontrar en ellos un aliciente para trabajar desde la prevención con los más jóvenes, en la creencia de que si logramos provocar la reflexión estaremos provocando también una respuesta masiva de rechazo a una realidad que a veces, me da la impresión, parece haberse instalado en nuestras vidas como algo inevitable, producto de una época o de ¡qué se yo!, que ojalá que no nos toque nunca , aunque tal vez seamos de quienes piensan que ¡a mí nadie me pone la mano encima!
Como ejercicio de reflexión, pues, y como agradecimiento a su aportación a la misma, dejo aquí para quien quiera leerlos estos tres magníficos relatos de tres jóvenes autoras.


SIN ESPERANZA

Autora: Jara Santos Pardo, de San Justo de la Vega. Alumna de 4º de E.S.O. del I.E.S Astorga
1º Premio de relatos categoría A del I Concurso “Jóvenes por la Igualdad Efectiva”. Astorga 2010


    Mis ojos se tomaban llorosos. Un golpe, otro...
-¡Te he repetido mil veces que no llores! —decía sin cesar.
-No lloro.., ya no lloro. —contestaba yo conteniendo las lágrimas.
    Otra bofetada.
-¡Eres mi mujer, y tienes que respetarme! ¿Quién te va a querer si no soy yo? —me espetó, con una expresión de furia en su rostro.
    Todos los días era lo mismo, pero cada día los golpes eran más fuertes, y cada vez eran más evidentes mi rostro y mi cuerpo demacrados por ellos.
    No podía aguantarle mucho tiempo más, y sé que si lo hubiera hecho, habría acabado por quitarme la vida, pero no quería darle esa satisfacción. Quería que desapareciera de mi vida. O mejor, quería poder desaparecer yo. Ser libre, poder ir donde quisiera sin tener miedo de que él pudiera golpearme al enterarse de ello, pero en ese momento me parecía imposible.
    ¡Oh! Disculpadme, aún no me he presentado, mi nombre es Esperanza. Paradójico, ¿verdad? Justamente Esperanza, algo de lo que yo carecía en aquel momento.
    Decidí que lo más razonable sería escapar, que él pensara que yo había muerto, porque si hubiera descubierto que estaba viva, me habría buscado sin cesar hasta haber dado conmigo y las consecuencias habrían sido nefastas.
    Hicimos un viaje en barco. A mí me encanta el mar. Desde niña mi sueño ha sido surcar los mares e ir donde el viento me lleve, pero por aquel entonces estaba atrapada, presa como en una cárcel, y sin una pizca de autoestima.
    Por ello estaba convencida de que aquellas vacaciones eran la oportunidad perfecta para conseguir mi libertad y cambiar mi vida para siempre.
    Él hizo la reserva. Un camarote. Uno solo. Lo que él no sabía era que yo reservé otro para una persona más.
    En el viaje conocimos a una joven pareja de novios. Dos personas encantadoras, Javi y Marta. Una noche cenamos con ellos y después de la cena había un baile. Nosotros les veíamos, parecían tan felices... Nosotros también fuimos así tiempo atrás. Lo cierto es que ya no recuerdo ni cuándo ni por qué se volvió tan agresivo conmigo. Cuando volvieron, Javi me invitó a bailar, pero a mí me daba reparo ya que mi marido era extremadamente celoso. Me insistieron tanto que salí a la pista. Yo veía como él me observaba con esa mirada de furia que recorre a veces su rostro. Tenía miedo, mucho miedo. Sabía lo que venía después. Y en efecto, cuando regresamos a la habitación, nada más cruzar la puerta, sucedió. Una bofetada. Un puñetazo.
-    ¿Cómo se te ha ocurrido hacerme esto? ¡Solo eres una zorra buscona! ¿Por qué te empeñas en humillarme siempre delante de todos?
    Me caí al suelo. Ya no lograba sostenerme en pie. Las lágrimas brotaban de mis ojos y descendían por mis magulladas mejillas incontroladamente.
    Otra bofetada, otro puñetazo.
- ¡Que te he dicho que no llores! ¡No tienes derecho a llorar! ¡Lo único que haces es dejarme mal delante de esa pareja! ¿Quién te dio permiso para irte a bailar con el muchacho? —preguntó con el rostro desencajado por la ira.
- Perdona, no volverá a pasar, lo prometo —contesté secándome las lágrimas. Y, por supuesto, sabía que nunca volvería a suceder. Jamás.
- Pero, ¿Sabes una cosa? —dijo, algo más calmado. —Te perdono. Tienes suerte de que sea tan compasivo contigo, pero no quiero que pase de nuevo. Tienes que respetarme. ¿Me has entendido? —preguntó agarrándome la cara.
    Yo asentí con la cabeza. De repente me besó. Yo aborrecía ese sabor a tabaco barato; y la sensación de estar besando a la persona que no dejaba de golpearme era terrible.
    A la mañana siguiente los cardenales eran demasiado evidentes como para vestirme de manera adecuada para el calor que hacía aquellos días. Aun así me puse un vestido que pudiera tapar los moratones y unas gafas de sol para ocultar mis ojos morados.
    Me senté en cubierta. Allí estaba Marta. Estuvimos charlando un rato, y, de repente, me dijo:
-    Javi y yo os escuchamos sin querer anoche. Es tan horrible lo que te hace ese hombre...
-    Lo lamento, pero tengo que irme — contesté, ya que no estaba muy animada a hablar de ello ahora, sobre todo con una persona que era relativamente desconocida para mí.
    Estaba dispuesta a actuar. Sería aquella noche. Por fin sería libre.
    Eran las 22:00 y mi marido aún estaba acabando de cenar. Yo subía al camarote extra que había reservado sin que él se diera cuenta. Sentía que el corazón se me desbocaba, que quería salirse de mi pecho. Intenté controlar mis nervios. Llevaba demasiado tiempo planeándolo todo, y ahora nada podía fallar, de lo contrario mi vida a partir de entonces sería terrible.
    Fui al baño de la habitación. Quería ante todo que nadie pudiera reconocerme, ser una persona distinta a los ojos de los demás, por lo que cogí unas tijeras y comencé a cortar el rubio cabello que llevaba siempre tan meticulosamente cuidado. Mechones y mechones caían al suelo, y mi pasado con ellos. También me lo teñí de un negro azabache para que nadie lo asociara conmigo. Pero aún faltaba algo: mis ojos. Si él me reconocía por algo era por mis ojos. Eran azules. “Tan bonitos como el cielo, y tan inmensos como el mar”, decía él tiempo atrás. Días antes me había comprado unas lentillas de color miel, que, en ese momento, me las puse sin dudar.
    Me miré en el espejo. Parecía otra persona, y, aunque aún tenía el cuerpo demacrado por los golpes que él me había propinado la noche anterior, aparentaba ser una mujer fuerte, segura de sí misma e independiente.
    Limpié el lavabo del tinte lo mejor que pude y retiré los restos de cabello que quedaban en él.
    También tenía que dejar la prueba de mi fingida muerte para que él no sospechara que me había escapado, y sabía exactamente lo que tenía que hacer: cogí el vestido que me había puesto aquel día y lo rasgué hasta conseguir una pequeña tira de tela. Después lo enganché en la cubierta del barco, aparentando que al tirarme por ella, se había quedado prendida allí por accidente.
    Y, por último, la nota de suicidio qué dejaría en la cama de mi marido, la cual ponía: “Sé que siempre te pongo de muy mal humor, perdóname, sé que no te merezco, ahora te prometo que te dejaré tranquilo para siempre”.
    Sabía que no tardaría en verla, y en alertar a los guardias, y, en efecto, así fue. Vieron la tela del vestido y me dieron por muerta, tal como yo esperaba que sucediera.
    Pero hubo algo que se me pasó por alto. Al bajar del barco había un control de seguridad, en el que los guardias pedían el nombre y el pasaporte, y el mío lo tenía mi marido.
    Los nervios recorrieron mi cuerpo, y empezaron a entrarme sudores fríos. No sabía qué hacer. Estaba atrapada de nuevo, y no podía permitir que se descubriera que realmente yo era Esperanza. Dos filas más adelante estaban Javi y Marta. Ella se dio la vuelta y me vio. La miré angustiada, y al instante me reconoció.
    De repente estaba sola ante el guardia de seguridad, que me dijo:
-    Nombre y pasaporte, por favor.
    Yo me quedé helada. No sabía qué hacer, y la gente que tenía detrás estaba empezando a impacientarse, incluyendo a mi marido.
-    Señorita, nombre y pasaporte, por favor —repitió el agente.
    Yo miraba suplicante a Marta, la cual me devolvió la mirada.
-  Jacqueline —contesté al agente.
-  El pasaporte, por favor, señorita Jacqueline —pidió de nuevo.
    Entonces vino Marta, e hizo algo que nunca le podré agradecer lo suficiente.
-    ¡Oh! Disculpe señor agente — dijo nerviosa. —Nosotros tenemos el pasaporte de la señorita Jacqueline.
    Yo la miré incrédula, sin saber qué hacer ni qué decir. Ella tiró la maleta y empezó a revolverlo todo.
-    ¿Dónde lo habré metido? Estaba por aquí... —dijo. Me miró y me guiñó un ojo. Yo esbocé una tímida sonrisa de agradecimiento.
-    No importa, pase señorita Jacqueline — acabó diciendo el agente.
    Miré a Marta y ambas nos marchamos.
-    No sé como agradecértelo —le dije cuando ya habíamos salido de allí.
-    No importa. Ahora eres libre  — contestó ella.
    Estábamos sentadas en la costa del mar. Respiré el aire puro. Era cierto. Aquello con lo que había soñado desde hacía tantos años lo había logrado por fin. Cogí mi anillo de compromiso y lo observé. Lo apreté hasta que me hizo daño en la palma de la mano, entonces lo arrojé con todas mis fuerzas al mar.
    Por fin era libre. Esas cinco letras resonaban en mi cabeza una y otra vez. Libre, libre, libre...
-    He aprendido algo muy importante, algo que creo que todas las mujeres del mundo deberían saber - le dije entonces a Marta. —Y es que por mucho daño que te hagan, por mucho que te hagan sufrir, nunca, nunca hay que perder... la esperanza.

DIECIOCHO, DIECINUEVE, VEINTE...
Autora: Marina Gay Ylla, de Astorga. Alumna de 3º de E.S.O. del I.E.S Astorga
2º Premio de relatos categoría A del I Concurso “Jóvenes por la Igualdad Efectiva”. Astorga 2010


    ¡Cómo me encanta que me pesen las mantas, me siento más a gusto! Siempre me voy a la cama antes de que venga papá; me gustaría verlo, pero siempre llega tarde.
    Me gusta dormir con la puerta cerrada, la habitación me resulta más acogedora. No sé porqué, pero mamá se siente más segura si la cierra con llave. Cuando hay ruido me agarro muy fuerte al peluche que me regalo papá cuando nací. Ahora tengo casi ocho años.
-    ¡Daniel, vamos, despierta que no llegas al colegio!   
    ¡Mm...! Huele a tostadas recién hechas. ¡Qué hambre! Mamá siempre está mirando los fogones mientras yo desayuno, aunque no esté cocinando nada.
    Entro en el coche. Me gustan sus asientos, son cómodos. Disfruto cuando me lleva mamá. Vamos más tranquilos. El sol no me deja abrir los ojos del todo. Empieza a hacer calor. Mamá baja las ventanillas y llegamos al cole. Veo a Marcos, mi mejor amigo. Me encanta ir a su casa. Siempre jugamos con su perro y luego su papá nos trae sándwiches y vemos la tele todos juntos. El papá de Marcos es divertido. Me cae bien, nunca grita. Su mamá es muy alegre. Antes mi mamá y ella eran muy amigas, pero, un día, mamá dejó de quedar con ella. A mi papá, Clara no le gusta demasiado; dice que sale mucho.
    En el cole estamos haciendo adornos para las fiestas. Nos han dicho que este año se celebra el centenario y hay un concurso para elegir la mejor invitación. Seguramente salga la de Sergio, se le da muy bien pintar. La madre de Marcos me ha dicho que si quiero, ella me puede ayudar; sabe que mi papá no puede. Él dice que después del trabajo merece un descanso y se va a dar una vuelta con sus amigos.
    Ya es la hora de comer. Voy rápido. No quiero que Clara tenga que esperarme. Ella siempre me lleva a casa a mediodía, porque mamá está haciendo la comida. A papá le gusta tener la comida lista y caliente, si no se enfada mucho; aunque no sé si vendrá a comer o no. Nunca avisa.
    Ya hemos llegado. Le digo adiós a Clara y a Marcos. Se oyen gritos en casa. Creo que papá hoy llegó un poco antes. Me abre mamá. Me gusta verla después del “cole” porque ya está maquillada, pero esta vez no le ha dado tiempo. Papá sale muy rápido de casa. Debe de llegar tarde a algún sitio.
    Cojo una silla y me siento a comer al lado de mamá, pero como yo solo; ella no tiene hambre. Creo que esta tarde me pondré a hacer antes los deberes. Saco de la mochila la invitación y el estuche. Pienso. No se me ocurre nada. Voy a ver si duermo un poco; luego la haré.
    Me despierto con el sonido de la puerta. Me duele la tripa. No me gusta como suena la puerta por la noche.
    Mi puerta se abre. Mamá me trae un bocadillo para cenar y me da un beso. Oigo como cierra mi habitación con llave; me arropo y me duermo.
    Hoy me lleva papá al cole. A mamá le dolía la cabeza. Me abrocho el cinturón. El camino se me hace largo pero llegamos antes.
    En el recreo no quiero jugar; pienso mucho en mamá. Tengo ganas de verla, pero me dijo que comiera en casa de Marcos para hacer juntos las invitaciones. Me alegra poder jugar con Marcos; él y su mamá me quieren mucho. Clara trabaja en un centro comercial. Me entrega una bolsa y me dice que se la dé a mamá, que es un regalo. En el portal, abrí la bolsa para ver lo que llevaba: había algunos botes de pintura y…. un brillo de labios color beige. Me pregunté si sería para el teatro de las fiestas.
    Mamá tarda en abrirme. Me pongo nervioso, pero sé que papá no está en casa a estas horas. Doy un paso hacia la puerta y pego mi oído. Se oye la puerta de un armario y al fin, ella aparece. Me relajo, ella respira hondo; se alegra de verme. Me da un abrazo.
-    ¿Qué tal con Marcos?
-    Bien, hicimos las invitaciones para el concurso y... Clara me dio esto para ti.
    Abrió la bolsa y permaneció en silencio durante un rato. No pude verle la cara, no me miraba. Fui a mi habitación, puse en el escritorio la mochila y me tiré en la cama mientras contaba los desconchones del techo. Me entretiene, nunca me sale el mismo número. El resto de la tarde pasó deprisa.
    Se oye la puerta de la calle. Creo que entra corriente. Cierro mi puerta. Se oyen gritos. Me dejo caer en el suelo y miro mi cama: la he arrugado un poco mientras me tumbaba. Tiro de los picos de la colcha hasta estirarla. Mamá llama para cenar. Huele a pizza. ¡Me encanta! Cuando termino, miro hacia papá, él me mira, luego baja la vista y sigue comiendo. Mamá come despacio. Miro hacia mi plato. Ya no tengo hambre, pero sigo comiendo. Papá se levanta. Debe de estar cansado. Se va a la cama.
    Diecisiete, dieciocho, diecinueve... ¡imposible! Ayer me salían veinte. Me pesan las mantas, pero no estoy cómodo. Mamá no ha venido aún a darme las buenas noches. Estoy nervioso, será por las fiestas. Se abre mi puerta; mamá me sonríe y me da un beso. Me dice que le haga sitio y se tumba a mi lado. Solía hacerlo cuando yo era más pequeño y tenía miedo. Hoy no echa la llave. Oigo su respiración y me voy relajando...
    -  Dani, Daniel, no hagas ruido.
    -  Pero, mamá qué...
    -  Sshh ¡Calla, tenemos que irnos!
    Sigo a mamá por el pasillo. Me da mi abrigo. Me lo pongo en silencio. Me coge de la mano y salimos. Mamá no cierra la puerta. Hace frío. Todavía es de noche. Veo el coche de Clara pero Marcos no está. Mamá me manda entrar en el coche. Entonces miro nuestras maletas. Hacía mucho tiempo que no íbamos de vacaciones. El coche arranca. Me mantengo en silencio sin entender muy bien todo, pero estoy muy cansado para hablar. Mamá me da la mano por detrás del asiento.
- ¿Dónde vamos mamá?
- Duerme un poco, enseguida llegaremos al aeropuerto. Cierro los ojos. Estoy tranquilo. Ella no suelta mi mano.

EL DÍA QUE ME CASÉ CON LA MUERTE

Autora: Sandra González García, de San Justo de la Vega. Alumna de 4º de E.S.O. del I.E.S Astorga
3º Premio de relatos categoría A del I Concurso “Jóvenes por la Igualdad Efectiva”. Astorga 2010


Fue un veinticuatro de abril soleado, el día perfecto para una boda perfecta. Entré por la gran puerta de la iglesia. Todas las miradas se fijaron en mí, sin embargo yo sólo tenía ojos para el hombre que me esperaba en el altar. Él lucía un traje negro, con su corbata lila y su camisa morada. Su negra melena caía en cascada sobre su espalda, su gran estatura y sus fuertes brazos hacían que quisiera acurrucarme en su pecho, ya que los nervios aprisionaban mi corazón. Me dirigía lentamente agarrada del brazo de mi padre hacia el altar; él, a cada paso, apretaba más mi brazo y en sus impasibles ojos podía apreciarse el brillo de una lágrima de orgullo. Estaba preciosa con mi vestido blanco y mi ramo de calas. Mi perfecto velo reposaba sobre el intrincado moño que daba forma a mi cabello. El camino hacia el altar se me antojó eterno y fugaz. No escuché la ceremonia; me encontraba demasiado ocupada, sosteniendo la mano de mi futuro marido, por la que tiempo después me lamentaría. Llegó el momento más esperado, el momento en el que su “sí” asaltó la iglesia y también conquistó mi corazón, mientras los labios de mi marido rozaban suavemente los míos. Por fin podía decirlo: ¡mi marido!
Las primeras semanas pasaron como en un sueño. Cada mañana me despertaba entre sus brazos con una preciosa sonrisa que iluminaba toda mi alma. Me acompañaba en el desayuno y me despedía por la mañana con un tierno beso bajo el umbral de la puerta. Al llegar a casa, me esperaba el penetrante aroma de la deliciosa cena que preparaba para mí, mientras él se tomaba unas cuantas copas de vino. Las noches se hacían eternas entre sus brazos. Todo era perfecto, hasta aquel día...
Un ruido en la puerta me despertó a las cinco de la mañana. Me di la vuelta en la cama buscándole, él no estaba. Asustada, me levanté; me puse la bata que tenía detrás de la puerta de mi dormitorio, la até con fuerza y bajé lentamente las escaleras, sin encender la luz. En el umbral de la puerta vi la silueta de un hombre. Grité. La voz de mi marido agravada por el alcohol me respondió. Encendí la luz y le vi en el suelo. Corrí a ayudarle y a ponerle en pie. Le llevé a la cocina y le serví una taza de café. Empecé a interrogarle; no me explicaba cómo podía haber acabado así. Él al principio no me respondía pero debido a mi insistencia me replicaba en voz cada vez más alta. Intenté calmarle, entonces ocurrió. Me golpeó. Esa noche, no paré de pensar el motivo por el que mi marido había bebido. Nuestro matrimonio iba bien, no sé, supongo que las discusiones que teníamos eran normales, a pesar de que a veces los vecinos se asustaban por sus gritos.
A la mañana siguiente, mi rostro era la prueba de lo que había ocurrido. Se sintió culpable; trató de pedirme perdón e intentó compensarme. Me dijo que jamás volvería a beber. Mintió. Pasó más de un año antes de que volviera a ocurrir, traté de ayudarle y él comenzó a gritarme y volvió a golpearme. De nuevo a la mañana siguiente se arrepintió y me pidió perdón. Dos meses después volvió a ocurrir y así durante más de dos años. Mi reflejo en el espejo atestiguaba el maltrato que recibía mi rostro. Poco a poco sus golpes iban dejando huella en mí, antaño, deslumbrante belleza. Traté de hablar con mis amigas, no me creyeron, me dijeron que mi marido era una buena persona, que jamás sería capaz de hacerme daño. Pensé en denunciarlo, pero con el tiempo había aprendido a golpearme sin dejar marcas. Nadie me creería. Me iba hundiendo en un pozo oscuro, del cual era incapaz de salir. Traté de huir. Comencé a hacer la maleta. El llegó y me pidió perdón; me suplicó que no me fuera y me juró que jamás lo volvería a hacer. Como una estúpida le creí, ya no necesitaba beber para golpearme.
    Cada vez que intentaba huir, él me gritaba, amenazándome y jurándome que jamás me dejaría escapar. Cuando al fin reuní el valor suficiente para huir, desempolvé la maleta y comencé a llenarla de nuevo con mi ropa. Nunca llegué a cerrarla. Antes de acabarla, mi marido entró en mi habitación. El primer golpe me arrojó al suelo. Noté algo frío en mi cabeza. Una pistola. Mi marido con una sonrisa en la cara me dijo: “No escaparás”. Y apretó el gatillo. Poco a poco mi sangre caliente se fue enfriando, mientras cubría la hermosa alfombra blanca que se encontraba en el suelo del dormitorio principal. Mi vida, la vida que desde pequeña soñé vivir en una gran casa, con un marido que me quisiera, se iba acabando. Noté que llegaba mi fin, el fin que nunca había imaginado, ni deseado. Dos días después, mis amigas vestidas con ropas negras, lloraban mi pérdida, diciéndose las unas a las otras que tenía razón, que me tenían que haber escuchado cuando les dije la verdad sobre mi marido, ya que nadie lo conocía tan bien como yo.
    Me arrepiento de aquel soleado veinticuatro de abril, aquel día de primavera en el cual se empezó a escribir el horrible final que me esperaba, por no tener suficiente valor de ponerle fin a la historia de amor la primera vez que su mano tocó mi rostro.
Posted on 14:18 by Mercedes G. Rojo and filed under | 2 Comments »

MOMENTOS.

Y, en un cruce de palabras, surgió un destello,
le preguntó:
¿con quién tengo que hablar?
y al momento, sus sueños salían por su boca enlazados, con ideas estupendas que, no estaban escritas , ni desarrolladas, ni tan siquiera pensadas, solo eran pañuelos de colores atados por una punta, que, como por arte de magia, salían de su boca y se extendían ante él, que con los ojos muy abiertos recogía ordenadamente los pañuelos, los doblaba y los colocaba con interés, con su cabeza asintiendo, ¡magnífico proyecto!, ¡magnífico proyecto!.
Cuando terminó la exposiciónsinció un mareo como los del vertigo y un gran nudo en el estómago, un gran vacío.
¿Y ahora qué?
Ahora a esperar...
Posted on 13:16 by ELTALLER DE CHARO ACERA. and filed under | 0 Comments »

MIEDO Y ELLAS

Mujeres mueren
a manos de una realidad
cruel

se desangran sin remedio
en noticieros y conciencias

mujeres
que preferirían morir
sujetas a la misma realidad
viven
pero como si no

mujeres
en coma
se abren paso a la vida
entre rendijas de futuro

doctoras de sí mismas
se recetan contra el dolor

mujeres
que lo logran
mujeres
que no

están
estamos en manos de una costumbre
de relaciones humanas paranoides

son vencidas por el miedo
encarnado en falo-palo
juez prisión castigo
bien mal dios.

Hay un miedo ahí latiendo
herencia de supuestos siglos cambiantes
que mantienen una letanía común
mío es todo
tuyo no.

Cómo obrar
cómo
para ser
complementos directos
de la diferencia que nos una.

Condenado el miedo.

Sergio.
Posted on 3:49 by Sergio, César y Dani and filed under | 0 Comments »

De Portugalete a Madrid: Educar contra la violencia machista es cosa de todos

                                              FOTO: GERARDO SOLODUJA

Sesenta y ocho víctimas mortales por violencia de género es mucho más de lo que una sociedad como la nuestra se puede permitir. En España, ni el terrorismo de ETA ha provocado tantas muertes como lo ha hecho la violencia de género. Y es que estamos hablando de otro tipo de terrorismo: el doméstico. El que consigue años tras año acabar con las vidas de mujeres y niños. El que consigue que el pánico, terror, indefensión, menoscabo y tristeza sean, probablemente por ese orden, las circunstancias en las que caen muchas familias.
España es el país que más ha legislado sobre este tema y es poco probable que a nivel legal se pueda hacer ya más.

Es cierto que hay muchas medidas que pueden mejorar en su aplicación pero a la vista del incremento de actitudes violentas y de casos dramáticos habrá que hacer un énfasis absoluto en la Educación, sí, en mayúsculas, en valores de Igualdad y Tolerancia.

Las Instituciones deberían hacer suyas estas políticas de Igualdad y Educación y, sobre todo, no politizar con ellas, aunque a la vista de lo que viene sucediendo en Madrid, será complicado que eso sea así. Esperanza Aguirre se ha burlado del dolor que muchas mujeres comprometidas con esta causa sentimos en cada caso de violencia. Primero nombrando a un señor violento como responsable de un Observatorio de Víctimas de la Violencia de Género, y no por ser violento sino por conducir borracho. No contenta con tal acción, se superó a sí misma justificando comentarios machistas, indecentes y soeces de personajillos como Sostres o Sánchez Dragó, a los que gustan las prácticas pedófilas y que son premiados por tales prácticas con un sueldazo en la televisión pública madrileña.

Hoy, con el manido recurso de la crisis, que no afecta a las megalomanías “gallardónicas”, se ha fundido la mitad del dinero que las ONGs recibían para llevar a cabo programas de erradicación de la violencia de género. Porque a los “gallardonianos” esto de la Igualdad les suena a chino mandarín. Como no practican…

Y es curioso cómo a las mujeres del PP los desabruptos a otras féminas les patinan como si estuvieran calzadas con un traje del mejor de los neoprenos. Así, hay mujeres “populares” capaces de justificar los comentarios que justifican la “apología de violación, pero con dolor” a otra mujer. Se antepone el odio político a la cercanía humana. De locos.

Es por ello que la sociedad madrileña requiere de un cambio radical. Del cambio que haga volcar las políticas chanchullistas, elitistas y megalómanas a verdaderas políticas dirigidas al bienestar de la sociedad. De toda la sociedad. En Mayo, Madrid tiene la oportunidad de recriminar a Esperanza Aguirre, Gallardón y demás adláteres de la causa, que sus órdenes de prioridades no son los que una comunidad como Madrid se merece.

Pese a lo crítico de la situación de lugares como Madrid, no todo está perdido. En aquellos lugares donde se han sabido conjugar políticas económicas con políticas sociales, los esfuerzos para erradicar esta lacra siguen siendo ingentes, como no podría ser de otra forma.

Hace días, escolares de la localidad de Portugalete, en Vizcaya, conmemoraban el Día Contra la Violencia de Género con una concentración a las puertas del Ayuntamiento de la localidad, portando pancartas hechas por ellos mismos.

Insuflaba aire fresco y optimismo ver a chicos que apenas entraban en la adolescencia, siendo conscientes de que es un problema de todos, de ellos y ellas. Y eso es posible por el apoyo de las instituciones, por el constante apoyo que Áreas de Igualdad de muchos Ayuntamientos (la mayoría de izquierdas) a políticas de prevención y educación.

Una juventud formada y educada en valores de igualdad, será una sociedad sana que respete a todos los seres humanos, es una inversión a largo plazo con la mayor de las rentabilidades que puedan existir: la rentabilidad que supone el respeto a la vida. Por encima de eso, no hay nada.

Ni populismos, ni demagogias, ni politiqueos, después de la vida sólo hay dolor.

A lo largo de toda España debería hacer miles de Ayuntamientos como el de Portugalete , que premie a sus escolares para que sigan pensando en clave de Igualdad y Respeto. Que les haga ver que la importancia de los valores siempre duplica cualquier valor de lo material. Que la vida está por encima del más preciado de los bienes. Que nadie es más que nadie y que las mejores relaciones son las que caminan en paralelo.

Los que conocemos tan bien la diferencia entre las cosas bien y mal hechas, seguiremos luchando para que los buenos ejemplos cundan. Te necesitamos. Esta lucha es la de todos.
Ni una sola muerte más, ni una lágrima más. NO ESTÁS SOLA.
Leire Díez Castro | Presidenta de Red Laica para la Igualdad y la Diversidad
FUENTE:NUEVA TRIBUNA.ES
Posted on 5:35 by Julio Obeso González and filed under , | 0 Comments »

CADA VEZ MÁS HOMBRES SE ALZAN CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO




FUENTE: RTVE
Posted on 5:00 by Julio Obeso González and filed under | 1 Comments »

Violencia de Género, Medios y la Imitación


Es de agradecer disponer de una noticia que se publicó hace unos días en BTV Notícies que informa de unestudio realizado por el Gobierno español concluye que la aparición (información, difusión) de casos de violencia contra la mujer en los medios de comunicación puede hacer aumentar el número de éstos.

Según el estudio, más de la mitad de las muertes por violencia machista se producen los tres días sigientes de aparecer una notícia similar en los medios. Se trata del efecto imitación, un fenómeno que hace que se incrementen los casos negativos después de que haya aparecido un caso similar en los medios de comunicación. Aunque hemos de contar que la influencia de los medios se daráa en casos muy excepcionales, la noticia podria reafirmar la intenció, ya previa, en  algunos hombres de lesionar la su pareja. Por este motivo, el gobierno se plantea hacer una prueba piloto de 3 meses de silencio en los medios de comunicación para intentar extraer conclusiones.

Y aunque, personalmente, crea que la muestra del estudio debería ser un tiempo de silencio más prolongado para que los resultados fuesen totalmente concluyentes, creo que quizás sirva para generar un debate rico sobre este, lamentablemente, crónico tema. 
Posted on 7:28 by Momo Nica and filed under | 1 Comments »