Ya te perdoné, setenta veces siete

Ya perdoné tu indiferencia, tu falta de respeto y tus calumnias.
Todas las veces que maltrataste mi cuerpo;
hasta dejarme sin aire, sumida en el dolor.

Perdoné tu impuntualidad, tus malas interpretaciones, tu omnipotencia
y el pensar que me escuchabas, cuando vos...
eras tu propio centro de atención.

Perdoné tus acosos y abusos, cuando fuiste mi jefe.
Las amenazas sobre echarme a la calle
si no sacaba la producción.
El salario que no me pagaste, tu despotismo con arte
y el contrato de trabajo que nunca llegó.

Perdoné cuando primero dijiste SI, y luego cambiaste a No.
Perdoné tus inseguridades, tus miedos y tus flaquezas.
Perdoné que no fueras petiso, para poder ver la vida,
como la veo yo.

(Desde acá... el sol calienta más y se respira mejor).

Perdoné tus estafas, tus infidelidades y agravios.
Te indulté, por los juicios injustos en los que participaste;
por tu carencia de misericordia y de compasión.

Perdoné tus robos, tus mentiras y tus halagos burlones.
La fría acogida que me diste, en un encuentro importante;
y la despedida sin besos, ni abrazos, ni "adiós".

Puse la mano en el fuego, hasta quemarme.
Y no fue la mano, lo que me dolió.

Perdoné que te callaras cuando debiste haber gritado:
"te quiero" y "no te marches".
Acepté, ya resignada, que olvidaras preguntarme "como estoy".

Perdoné tus malos pensamientos, tu desconfianza, tus gastados lamentos;
y que no me dejaras llenar, de amor... tu corazón.

Quise ver la belleza de tu alma; pero solo ví, la que brillaba a tu alrededor.
Sin darme cuenta que era yo quien la creaba, mientras tenía sueños e ilusión.

Pero sucedió algo en mis ventanas, cuando me crucificaste;
la humedad de mis lágrimas, las empañó.
Los cristales de mis ojos se limpiaron
y entonces pude... ver mejor.

Vi que me había equivocado, al no aceptarte como sos.

Comprendí que había esperado demasiado,
de alguien, que nunca existió.

Perdoné entonces, a los que alguna vez te lastimaron;
y me pedí a mí misma perdón...

Fue perdonando y perdonando, como conseguí alejar,
todos los fantasmas que habían, entre vos y yo.



Posted on 17:17 by Sinda Miranda and filed under | 0 Comments »

Las Palabras que me salvan

Lo que me hiere
no son las palabras;

es la ceguera hipócrita;
la torpeza del ingrato
la soberbia del incrédulo
las heridas que provoca
el inoportuno ego.

Me lastima
una pobreza,
mucho mayor que la mía,
y una tristeza
que no se consuela
con ninguna alegría.

El maltrato a los animales
los oídos llenos de cera;
el silencio de los cobardes
y la tensión sexual de un alma
que no fluye ni se entrega.

Me hiere, la esclavitud voluntaria
a una vida desértica.

Sufro, sufro mucho
porque mías son todas las penas.

Mías las llagas
de los pies desnudos.
Mía su sangre y las huellas
que dejaron en el camino.
Mía la agonía del poeta
que solo escribe
para expresar sus miserias.

Pero tuya es la voz
que se eleva,
con las palabras
que me salvan:

¡Te quiero!
¡Estoy aquí!
¡No te detengas!




Posted on 17:14 by Sinda Miranda and filed under | 1 Comments »